14 de Septiembre 2020 Derecho
Legaltech: la revolución del software en el mundo del derecho

Ornella Arrigone | Buenos Aires, Argentina

 

 

El sector legal habitualmente ejerce la profesión en una industria estable y previsible. Si bien ha sido reticente a la implementación de nuevas tecnologías, el actual contexto regulatorio, económico y tecnológico, afecta la transformación de la industria legal.

 

Desde la crisis económica del 2008, el mercado se volvió más exigente. Las nuevas tendencias han propiciado un escenario en el cual la oferta de servicios legales se reinventa día a día. Es indiscutible que la revolución digital ya se encuentra inmersa en el mundo del derecho.

 

Marc Anderssen, co-creador de Mosaic –primer navegador de Internet de utilización masiva- ya hablaba en su famosa tesis “Why software is eating the world” acerca de la teoría de la invasión del software en las múltiples actividades económicas, argumentando que las empresas e industrias exponencial y progresivamente lo utilizarían para brindar sus servicios y efectivizar la entrega de sus productos online.

 

En la actualidad, sumergidos en una economía global conectada digitalmente, se pondera la exorbitante demanda de apps -aplicaciones de celular- que facilitan la ejecución de actos de nuestra cotidianeidad. Pedir un taxi mediante Uber; ordenar una compra de supermercado por Rappi; escuchar música en Spotify; comprar lo que necesite en Amazon o Mercado Libre; reservar alojamiento por Airbnb; mirar una película por Netflix; tener un conference call por Zoom; realizar transferencias bancarias mediante online banking, son ejemplos que evidencian la revolución del software.

 

Herramientas de programación y servicios de Internet motivan el lanzamiento de innovadoras empresas globales de software, sin necesidad de inversión en infraestructura ni capacitación a nuevos empleados. Muchos de los ganadores son compañías de tecnología del estilo de Silicon Valley, que derriban las estructuras preestablecidas en la industria.

 

El mundo del derecho no se encuentra fuera de esta transformación digital.

 

Por años, los abogados han defendido la idea de que la práctica del derecho es una tarea artesanal. El ejercicio de la ley no ha percibido cambios trascendentales en décadas. No obstante, en los últimos años, la forma de producir y comercializar los servicios legales atraviesa una profunda transformación. Nuevos actores utilizan procesos de negocios, herramientas de gestión de proyectos y equipos multidisciplinarios con una mentalidad centrada en el cliente y una visión digital (1). Estas empresas introducen, dentro del mercado legal, los mismos componentes que llevaron a la transformación digital en otras industrias.

 

Somos testigos de la creación de un mercado legal donde las pequeñas soluciones locales serán reemplazadas por unas pocas soluciones con operaciones a escala global y resultados eficientes.

 

Ahora bien, ¿qué es el Legaltech?

 

Legaltech, abreviatura anglosajona de Legal Technology, fue sin duda la primera modalidad para referenciar la tecnología legal. En ese sentido, se la define como la utilización de métodos de gestión y tecnologías provenientes de la ingeniería y administración, para innovar en el ejercicio de la profesión legal.

 

Su objetivo apunta a la mejora en el negocio o en el modelo de prestación de servicios jurídicos, ya sea dentro de una firma o en el departamento legal de una empresa. Si bien no existe un concepto universalmente aceptado, el mismo comprende desarrollos de software aplicados al derecho, optimización de procesos legales y herramientas de legal design (2).

 

Uno de los primeros intentos en aplicar la tecnología en el derecho, en 1987, fue Hugh Lawford, profesor canadiense que desarrolló la base de datos legal Quic/law; proyecto académico que luego de seis años derivó en la creación de Quicklaw, una de las primeras firmas de investigación legal. Otro ejemplo es LexisNexis, con una visión similar y creada en la misma época, que auxilia a los abogados en la búsqueda de información para la preparación de casos.

 

Durante la siguiente década, surgen varias firmas como LegalZoom y luego su competidor Rocket Lawyer, proponiendo al usuario la confección de contratos, testamentos, acuerdos societarios, registros de patentes y propiedad intelectual mediante la formulación de una seguidilla de pasos rellenando campos que encuentran disponibles para su impresión y correspondiente signatura.

 

Estos son claros ejemplos de cómo la tecnología puede contribuir con el profesional simplificando su trabajo, reformulando una tarea que históricamente se ha consumado en el ámbito jurídico.

 

 

Legaltech vs Lawtech

 

Ahora bien, cabe mencionar la diferencia entre Legaltech y Lawtech, teniendo dichos conceptos significados e implicancias distintas.

 

En la obra “Legaltech: la transformación digital de la abogacía” el autor difunde la idea de Legaltech como una herramienta de utilización para abogados y Lawtech como una herramienta de sustitución de abogados. Ambas presentan un alto componente de inteligencia artificial y otras técnicas punteras.

 

Richard Susskind, un referente en lo que a innovación jurídica refiere, sostiene que Lawtech es el concepto del futuro, más inclusivo y abierto a tecnólogos de cualquier ámbito; en cambio, LegalTech es un concepto más usado y aplicado por el sector legal asociado con tecnologías de back office (sistemas de contabilidad) y en menor medida con nuevas tecnologías -Inteligencia Artificial- vinculadas a los abogados y tribunales en línea.

 

Por otro lado, Richard Trommans, otro gurú de la innovación jurídica, considera que Legaltech es el término adecuado que representa las actividades del sector legal, al igual que lo hacen RegTech, InsurTech, PropTech o FinTech. Trommans estima que debería utilizarse el término ‘Legal’ ya que frecuentemente se habla de la ‘industria legal’, ‘mercado legal’ y ‘sector legal’.

 

Trommans también advierte que LawTech es un término incorrecto para describir al sector, por cuanto Law en inglés se relaciona con la práctica del derecho o aplicación de la Ley y sólo tendría sentido si se refiriera a la tecnología específica de un subgrupo de tareas legales que se vinculan con la elaboración o comprensión de leyes.

 

Concluye que de la misma forma que hablamos de FinTech para referirnos a Financial Technology, y no de MoneyTech como uno de sus componentes, Legaltech es mucho más adecuado que Lawtech para describir las iniciativas tecnológicas del sector legal.

 

Esta divergencia semántica evidencia la guerra conceptual que existe entre EEUU (Legaltech) y Reino Unido (Lawtech) por la utilización de la terminología que se estima más adecuada, siendo la falta de taxonomías estandarizadas un indicador de los problemas actuales existentes de la tecnología aplicada a servicios legales.

 

 

El software como protagonista de la innovación jurídica

 

Desde el 2011, el término Legaltech ya no se emplea únicamente para identificar la tecnología aplicada al derecho, sino que comienza a utilizarse como etiqueta que identifica a variadas startups y que surgen desde el sector legal o afines, principalmente para proporcionar herramientas que transformen la labor jurídica en un servicio más eficiente y menos costoso.

 

Así entonces, la aplicación de la tecnología en servicios legales sirve para crear:

 

  • Software o servicios online que reducen o eliminan la necesidad de acudir al sector jurídico en su modalidad más tradicional.

  • Software o servicios online que aceleran los trámites y la gestión de tareas de los propios abogados, reduciendo el coste y el tiempo que un profesional debe invertir en muchas de sus tareas.

  • Software o servicios online que simplifican y modifican la forma de contactar entre los profesionales del sector legal y potenciales clientes (3).

 

Un ejemplo prometedor de la innovación jurídica son los Smart Contracts o “contratos inteligentes”, el cual hace referencia al uso de un código informático llamado blockchain, que se utiliza para articular, verificar y ejecutar un acuerdo entre las partes. Los Smart Contracts son contratos electrónicos con la característica distintiva de que el propio instrumento hace cumplir sus términos pautados. Sin embargo, es necesario aclarar que no debe entenderse el término ‘inteligente’ como ‘Inteligencia Artificial’ porque, en realidad, hacen lo que se programó que hagan (4).

 

Estos contratos autoejecutables llegaron para revolucionar el mundo contractual al que estábamos acostumbrados. Sin dudas, si la nueva disciplina del Smart Contracting es de por sí interesante para el abogado, las inmensas posibilidades que se abren cuando los Smart Contracts comienzan a interactuar autónomamente entre ellos, son simplemente alucinantes, bordeando la ficción.

 

No obstante, en la actualidad, la introducción de sistemas de Inteligencia Artificial (a continuación, ‘IA’) en el derecho ha sido disruptiva en las reglas de juego de la industria.

 

La IA es la tecnología clave de la sociedad de la información y del conocimiento, lo que supone la utilización de diferentes técnicas para resolver problemas, maximizar objetivos y optimizar el procesamiento de información.

 

La ‘Cuarta Revolución Industrial’, llamada así por el Foro Económico Mundial, nos sitúa en un escenario de profunda transformación en lo que hacemos y en lo que somos. Este cambio monumental, en esencia, responde a dos grandes fenómenos que se entrelazan: el primero es la mutación radical de las nociones de espacio y tiempo a partir del uso masivo de nuevas tecnologías de la información y de la comunicación (en adelante, ‘TIC’); y el segundo son las nuevas formas de procesar datos e información en muchas actividades que antes solo podían ser realizadas por nuestros cerebros (5).

 

Juan Gustavo Corvalán describe con claridad que uno de los fascinantes efectos de aplicar sistemas de IA en el sector público sería la posibilidad de transformar la burocracia digital en burocracia inteligente.

 

Debemos pensar los efectos de la aplicación de la Inteligencia Artificial en el mundo jurídico. Implementar IA, por ejemplo, en una organización pública implicaría, por un lado, desaprender muchas técnicas, formatos y enfoques que hemos aprendido en el marco de un paradigma ‘industrial’, basado en una serie sucesiva de pasos lineales para llegar a un determinado resultado o decisión. Por otro lado, consistiría en redefinir estrategias a partir del uso de nuevas TIC, para que los trabajadores y la ciudadanía sean el centro de sistemas de IA, reduciendo así exponencialmente la burocracia estatal (6).

 

En mi opinión, ya no resulta suficiente la simple aplicación de las nuevas tecnologías a los problemas existentes, o la implementación de innovadores sistemas informáticos para ‘hacer lo mismo’ pero con más tecnología. Por el contrario, el desafío se encuentra en repensar o redefinir nuevas estrategias y formas de entender la relación entre la sociedad y la tecnología.

 

Queda claro que el desarrollo del Legaltech no se vincula exclusivamente con aspectos tecnológicos, sino que también evidencia la necesidad de un inminente cambio de mentalidad. El objetivo del abogado del futuro no sólo se proyecta al conocimiento y aplicación de la ley, sino también hacia la implementación de una tecnología que perfeccione el mercado legal global mediante la utilización de procesos de negocios, herramientas de gestión y equipos multidisciplinarios que mejoren la prestación de servicio al cliente, acelerando la productividad y ejecución de resultados y reduciendo costos.

 

Por otra parte, desde el sector público, la implementación de la Inteligencia Artificial implicaría una notable reducción de la burocracia estatal, simplificando y optimizando el aparato público, beneficiando así a la sociedad en su conjunto.

 

En conclusión, todo indica que la clave es lograr un equilibrio en los tres grandes pilares: expertise legal, tecnológica y de negocio.

 

 

 

Referencias

 

(1) Mark A. Cohen. (2019), Big Money Is Betting On Legal Industry Transformation, Forbes.

(2) Ast Federico (2020), Legaltech: Innovación Empresarial Aplicada Al Derecho, Medium.

(3) Legaltechies (2020), El concepto de Legaltech y sus variantes.

(4) Ornella Arrigone (2020), Los desafíos jurídicos ante los Smart Contracts, Fundación Free.

(5) Carlos D. Mirassou Canseco. Andrés O. Hadad (2019), Nuevo paradigma contractual: los smart contracts, Suplemento: LegalTech II, el derecho ante la tecnología.

(6) The Technolawgist. (2019), Entrevista a Juan Gustavo Corvalán: Prometea es el primer sistema de inteligencia artificial diseñado y desarrollado por el Ministerio Público Fiscal de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 

 

* * * * *

 

 

Las ideas aquí expresadas pertenecen al autor del artículo y no necesariamente son las de la Fundación Rioplatense de Estudios.

 

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