25 de Abril 2020 Opinión
Militancia performativa de consumo masivo

Columna de opinión

 

El avance de la corriente posmoderna y el auge de las redes sociales han traído una forma de movilización a la que poco le importa las soluciones a sus problemas, sino encontrar una forma muy teatral de expresarlas.

 

La militancia política no es un fenómeno nuevo. Es, o solía ser, un fenómeno presente en casi todas las sociedades que tienen un mínimo grado de desarrollo y de libertad. Si bien sus motivaciones han sido y son diversas, se caracterizan –si ello fuera posible- por ser un intento organizado de articular y visibilizar un problema de la sociedad, en búsqueda de que entre en la agenda de discusión, y que la clase política se haga eco de ese problema para alcanzar una solución. Lo importante es esto último, la solución.

 

Sin embargo, la irrupción de las redes sociales y el auge del pensamiento posmoderno y post marxista han alterado la naturaleza de esta dinámica. Por un lado, el pensamiento racional y materialista que hablaba de causas, efectos y soluciones, es reemplazado por una lógica de relato donde se fabrica una historia intersubjetiva, donde lo simbólico es más importante. El estudio profundo y las soluciones serias dejan el escenario, y lo performativo entra en acción. En paralelo, las redes sociales, que se nutren del contenido visual, generan un campo fértil para el desarrollo de la militancia performativa.

 

¿Qué es la militancia performativa entonces? Es aquella que pone en el foco el accionar simbólico e interpretativo de su relato, por encima de una demanda programática, práctica y racional. Ya no importa tanto el para qué de la manifestación, sino el cómo. Lo principal ha sido cómo hacer la movilización más visible, más llamativa, más trending. Es por eso que la performance militante se ha hecho más compleja: tiene colores específicos, vestimenta específica, vocabulario específico, y hasta coreografías cuidadosamente ensayadas.

 

El feminismo de tercera ola y el campo LGBTQ+ son ejemplos donde se ha desarrollado más fuertemente la militancia performativa. El “lenguaje inclusivo” es una de las performances preferidas. En los últimos años se ha hecho costumbre oír el “todos y todas”, “todes”, “tod@s” y el “todxs”. Basándose en la noción de que el lenguaje forma a nuestra realidad, y que en consecuencia es otro campo de batalla política y cultural, algunas organizaciones han avanzado en el uso de este recurso. Sin embargo, ¿hay algún tipo de ganancia o beneficio para las mujeres que sea comprobable o cuantificable? ¿Ha hecho reducir la tasa de femicidios, la violencia o los problemas económicos y sociales que sufren muchas mujeres? Pero aún más interesante es cuestionarse, ¿estas personas utilizan este vocabulario en su esfera privada, en conversaciones diarias con familiares o amigos? Es difícil imaginarlo, justamente porque es performativa. Basta con actuarla, pretenderla, y llamar la atención en la vía pública para arroparse en su causa. Seguramente, el ejemplo más contundente de militancia performativa han sido la interpretación y coreografía de “El Violador eres Tú”. Otra vez, una actuación sin demandas articuladas o consecuencias reales.

 

El ambientalismo es otro campo de militancia performativa. Si bien el medio ambiente está sufriendo por la actividad humana (la contaminación de los océanos es el ejemplo más claro), los movimientos sociales en éste ámbito no parecen estar dando soluciones -serias-, pero actúa con preocupación. El caso más notorio es el de Greta Thunberg. Esta joven se ha hecho famosa por su latiguillo “how dare you?” actuando de forma consternada y por viajar sin utilizar aviones. Es impactante ver a una niña de 16 años reprimiendo a una asamblea de diplomáticos, pero éste es un acto totalmente carente de consecuencias por fuera de lo comunicacional, al igual que compartir su contenido en redes sociales.

 

Los movimientos animalistas también están incursionando en esta práctica. Si bien puede que haya demandas atendibles, su actuar también adquiere caracteres performativos. Ya sea irrumpiendo en ferias ganaderas como La Rural en Argentina, la Expo Prado en Uruguay o acompañando de forma visiblemente consternada a los animales al matadero, la militancia en este ámbito se preocupa cada vez más por lo visual.

 

En definitiva, en los últimos años lo que ha habido es una migración de las formas de movilizarse y manifestarse hacia un actuación. Lo que antes era un medio para un fin, es ahora un fin en sí mismo.

 

El lector también habrá notado que en los últimos tiempos, las grandes marcas y unidades de negocio internacionales como Gillette, Coca Cola, Colgate, Claro y otras han entrado en un romance con estas demandas sociales.

En 2018, Gillette divulgó una pieza comercial donde buscaba poner en evidencia la masculinidad tóxica (1). En la región, Sprite hizo lo propio, desarrollando una pauta en la que se adhiere y convoca a las movilizaciones LGTB (2). En 2016, Colgate divulgaba una publicidad celebrando el matrimonio gay (3). Coca-Cola es el último en sumarse a esta tendencia. En una nueva publicidad televisiva (4), Coca-Cola se apropia de todas las causas políticas y sociales que son tendencia en el momento: relaciones homosexuales, cambio climático, y marchas feministas encarnadas en actores con una imagen que uno asocia típicamente a la de los manifestantes en cuestión. Y si el mensaje no fue claro, la publicidad termina con la frase “estemos despiertos”, que es el equivalente al término americano woke, que refiere a la concientización de los individuos de sus supuestos privilegios y las desigualdades que aquejan a la sociedad. Este modismo resuena es el ala más izquierdista de la sociedad americana. Las marcas de moda textil también han formado parte de esta tendencia, posicionando en el mercado una moda con remeras y accesorios con consignas sobre diversidad.

 

Estas acciones publicitarias y empresariales son totalmente legítimas, se dan dentro del marco de libertad de expresión y libertad de empresa. Pero el hecho de que cada vez más las marcas apelen a estas agendas muestra claramente que existe una demanda de mercado, porque la militancia de estas causas no solamente se actúa, se consume. Es que es razonable que a la hora de actuar uno deba valerse de ciertos recursos materiales para apoyar su actuación. Lo más contradictorio es que estas causas, que llevan siempre en su discurso un apartado anticapitalista, tengan a su servicio a multinacionales abasteciéndolos de productos y servicios que las promulgan. Y además, resuenan en una clase media y media-alta con capacidad de consumo, pues son estas las que pueden comprar sus productos.

 

Será interesante ver cómo se desarrollará de aquí en más esta tendencia.

 

(1) https://www.youtube.com/watch?v=koPmuEyP3a0

 

(2) https://www.youtube.com/watch?v=bZh6046DYng

 

(3) https://www.youtube.com/watch?v=dVmks_vGGU8

 

(4) https://www.youtube.com/watch?v=qw-o55acrv8

 

 

* * * * *

 

 

Las ideas aquí expresadas pertenecen al autor del artículo y no necesariamente son las de la Fundación Rioplatense de Estudios.

 

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