24 de Mayo 2018 Economía
Precisiones en torno a la crisis cambiaria

Francisco Isetta | Buenos Aires, Argentina

 

Habiendo superado satisfactoriamente el denominado “supermartes”, mucho fue lo que se escribió sobre sus causas, las cosas que se hicieron mal o lo que se pudo haber evitado. Pero el objetivo debería ser ahora centrarse en que no suceda lo mismo con el próximo vencimiento de LEBAC y actuar para prevenir otra situación de tensión. Dicho lo anterior, cabe analizar cuáles fueron los métodos utilizados que permitieron hacer frente al vencimiento, y evaluar si pueden ser replicados esperando iguales resultados, o si se debieran buscar nuevas alternativas.

 

Las dos principales herramientas puestas en práctica por el Banco Central de la República Argentina (BCRA) para seducir a los tenedores de LEBAC a quedarse con ellas fueron elevar su tasa de interés al 40%, y dejar que el dólar se encarezca hasta llegar a superar los $25,00. De esta manera, pocos eran los incentivos a pasar de pesos a la divisa estadounidense.

 

Ahora bien, hay que pensar si este mecanismo que dió resultados positivos una vez, podrá ser replicado nuevamente en el vencimiento de mediados de junio. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) publicado por el BCRA con fecha 3 de mayo, preveía para el mencionado mes una inflación del 1,7%. Lamentablemente, con el dato certero aportado por el INDEC de 2,7% de inflación en el mes de abril, dichas expectativas no parecen alcanzables. Como resultado, la tasa nominal en 40% no sería ya igual de atractiva, producto de la consecuente caída en la tasa real. De querer mantenerse los incentivos que este canal ofrece, la tasa nominal debería aumentar nuevamente, lo que parece difícil que suceda, puesto que ya se encuentra en un nivel cuanto menos peligrosamente elevado e insostenible, que genera efectos directos negativos sobre el crecimiento de la economía (tanto el FMI como consultoras privadas revisaron a la baja sus estimaciones de crecimiento para el 2018). En resumen, no parece esta la opción adecuada ni la buscada, tanto por el ejecutivo como por el BCRA.

 

Por otro lado, es difícil anticipar si el BCRA llegará con el mismo margen para incidir sobre el tipo de cambio como hizo para anticiparse a la corrida. Con este fin, fueron usados casi 10.000 millones de dólares para, en palabras de Federico Sturzenegger, acompañar y suavizar el movimiento ascendente de la divisa. Se entiende que tal pérdida de reservas fue un hecho extraordinario, para conseguir un objetivo particular, pero que no puede darse de manera tan natural y repetidamente. Aún peor, menos puede tener lugar cuando el país se encuentra en negociaciones con el FMI, siendo que el stock de reservas es una variable que el fondo observa. De todas formas, nuevamente coinciden el BCRA y el ejecutivo, quienes parecen sentirse cómodos con la flotación del tipo de cambio actualmente en valores cercanos a los $24,50.

 

Afortunadamente, por más que como se expresó anteriormente, hay evidencia para al menos no esperar los mismos resultados sobre los mecanismos usados, hay otros factores que pueden traer algo de tranquilidad. Haber atravesado satisfactoriamente lo que el gobierno llamó turbulencia, sienta un buen precedente para el próximo vencimiento. A su vez, la aceptación que los bonos BOTE tuvieron, con tasas realmente favorables, pueden ser muestra de que Argentina cuenta todavía con acceso al crédito internacional. Y por último, hay dos situaciones, que de concretarse, podrían traer algo de alivio: se espera que el acuerdo con el FMI esté cerrado favorablemente para antes del vencimiento de LEBAC de junio, al igual que la reclasificación de la Argentina como Mercado Emergente por parte de MSCI. Estos dos escenarios, de darse, podrían volver a poner a nuestro país nuevamente como foco de las inversiones extranjeras.

 

En definitiva, la situación muestra que las herramientas ya usadas pueden ser empleadas en alguna ocasión más, pero no debe esperarse el mismo nivel de eficacia. Depender de resultados externos evidencia la necesidad de tomar acción propia, en particular el inminente desarme de LEBAC.

 

*****

 

*Las ideas aquí expresadas pertenecen al autor del artículo y no necesariamente son las de la Fundación Rioplatense de Estudios.

 

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