14 de Junio 2020 Economía
Regla fiscal

Darío Vecchio | Montevideo, Uruguay

 


Soñar no cuesta nada, o cuesta muy caro.

 

La “proyección como herramienta de orden”; si estarán al tanto, los individuos e instituciones que ahorran capital, sobre la importancia de este concepto. Claramente, cuando uno planifica qué hacer con el fruto de su trabajo tiene todos los incentivos para hacerlo de la forma más minuciosa posible, intentando proyectar cuáles van a ser sus gastos y sus ingresos, y que los primeros no sean mayores que los segundos, al menos de forma sostenida. Ahora bien, ¿qué incentivos tenemos, cuando nuestros ingresos son obtenidos coactivamente y nuestros gastos son arbitrarios, para proyectar correctamente? Esta es la interrogante que nos deberíamos plantear los contribuyentes.

 

El gobierno, ejerciendo la administración del Estado, proyecta sus recaudaciones y sus gastos, principalmente a través de la Ley de Presupuesto. Algunos países han logrado establecer ambiciosas “reglas fiscales” para mantener el orden en las cuentas públicas, pero muchos han fallado, como es el caso de Grecia. Chile, sin embargo, ha adoptado una “Regla de Balance Estructural”, similar a la que se incluyó en el Proyecto de Ley de Urgente Consideración presentado por el gobierno uruguayo recientemente, y ha tenido resultados extremadamente satisfactorios. Particularmente, la variante uruguaya propone atar el crecimiento del gasto real a una proyección de crecimiento potencial de la economía, y aquí es donde entra en juego la problemática planteada al final del párrafo anterior.

 

La regla fiscal, tal y como está planteada en el Proyecto de Ley, se puede considerar como un arma de doble filo debido a que, quien realiza las estimaciones de crecimiento potencial, es el mismo Poder Ejecutivo, y posee incentivos de sobra para sobreestimar el cálculo. Incluso existe un problema aún más escandaloso: una vez que se obtiene un mayor déficit a lo esperado es recurrente que se corrija la proyección, ¡y no que se tomen medidas para corregir el gasto excesivo! Entonces, ¿es posible que la incorporación de esta regla mantenga en línea a los dirigentes políticos de turno, y modere su afán por gastar dinero ajeno descontroladamente? La respuesta a esta pregunta es la misma que damos todos los economistas ante cualquier interrogante: “depende…”. ¿De qué? Del azar.

 

Existen expectativas positivas en cuanto a la gestión del nuevo gobierno para mantener el déficit fiscal a raya. En definitiva, se espera que las nuevas autoridades logren domar a la bestia que se ha gestado durante 15 años, pero, ¿qué pasará cuando finalice el quinquenio? ¿Y en 10 años? El azar nos ha brindado un gobierno aparentemente sobrio, así como también nos dejó caer en la decadencia durante quince primaveras. Es imposible saber qué tipo de gobernantes nos traerá el azar en el futuro, pero esperemos que no nos toque soportar otro período donde se arruinen vidas, se destruya riqueza, se multipliquen los pobres — aunque no se note estadísticamente — y caigan compatriotas en la miseria.

 

 

* * * * *

 

 

Las ideas aquí expresadas pertenecen al autor del artículo y no necesariamente son las de la Fundación Rioplatense de Estudios.

 

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